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27/3/20

Curación energética .:. medicina vibracional y holística


La curación energética

Richard Gerber. 
Edición de 1988, Barcelona

cap I
De hologramas, energía y medicina vibracional
Una visión einsteniana de los sistemas vivientes




La práctica actual de la medicina se funda en el mo-delo newtoniano de la realidad; en esencia éste es una manera de ver el mundo que lo contempla como un complicado mecanismo. El médico abstrae el organismo considerándolo como una gran máquina, gobernada por el cerebro y el sistema nervioso peri-férico, por un ordenador biológico, en último término. Pero, ¿es en realidad el ser humano sólo una máquina, por estupenda que se nos describa? ¿O es un complejo mecanismo biológico en interacción dinámica con una serie de campos interpenetrados de energía vital..., el llamado deux ex machina? En este libro presentamos una nueva manera de ver la curación, que implica la noción evolutiva de la ma-teria como una de las expresiones de la energía; este nuevo campo de curación basado en el paradigma einsteiniano es lo que llamamos la medicina vibra-cional.
El paradigma einsteiniano en su aplicación a la-medicina vibracional contempla a los seres humanos como redes de campos complejos de energía en interfaz con los sistemas físico/celulares. La medi-cina vibracional utiliza formas especializadas de la energía para actuar positivamente sobre aquellos sistemas energéticos que pierdan su equilibrio por el estado de enfermedad. Al devolver los equilibrios a los campos de energía que cohtribuyen a regular la fisiología celular; el sanador vibracional intenta res-tablecer el orden en un plano más alto de la funcio-nalidad humana.
El postulado de que toda materia es energía cons-tituye el fundamento para comprender cómo el ser humano puede considerarse como un sistema di-námico de energías. Mediante su famosa ecuación E = me2, Albert Einstein demostró científicamente que la energía y la materia son expresión dual de una misma sustancia universal; esa sustancia es la energía primaria o vibración de la que todos esta-mos formados. Es por esta razón que la empresa de intentar la curación del cuerpo mediante manipula-ciones a este nivel básico, vibracional o energético, merece propiamente el nombre de medicina vibra-cional. Pero, si bien las teorías de Einstein han en-contrado aceptación y aplicación, aunque poco a poco, en la mente de los físicos, en cambiojos médicos aún no han asimilado las profundas revelaciones einsteinianas en su enfoque del ser humano y de la enfermedad.
El modelo conceptual médico de la actualidad considera el comportamiento fisiológico y psicoló-gico del hombre como funciones de su equipo físico, el cerebro y el cuerpo. El corazón es una bomba mecánica que suministra oxígeno y sangre rica en nutrientes a los sistemas orgánicos del cuerpo y el cerebro. Los médicos creen haber entendido el corazón tan perfectamente, que inventan sustitutos mecánicos para que se encarguen de las funciones de aquél cuando desfallece. En cuanto al riñon, muchos médicos han observado su función primordial de mecanismo automático filtrante y de intercambio, y han logrado reproducir esta capacidad de eliminar impurezas y toxinas mediante la construcción de máquinas de hemodiálisis. Aunque los progresos de las técnicas biomédicas han suministrado a los médicos un mayor número de piezas de recambio que permiten sustituir órganos enfermos y vasos sanguíneos, falta todavía (lamentablemente) el co-nocimiento más amplio que permitiría dar marcha atrás a muchos procesos patógenos, o evitarlos.
Desde los tiempos de Isaac Newton las analo-gías mecánicas han sido de gran utilidad para explicar el comportamiento del mundo físico. El pensador newtonianb contemplaba el universo como un gran mecanismo ordenado, divino pero predecible de donde se deducía que el ser humano, a imagen y semejanza de su Creador, estaría constituido de ma-nera similar. De tal manera que durante la era new-toniana la anatomía humana se interpretaba como una complicada maquinaria biológica. El punto de vista mecanicista se hallaba tan arraigado que para los pensadores de la época todo el universo venía a ser como un gran mecanismo de relojería. Poco ha cambiado, siguiendo la evolución del pensamiento científico a lo largo del tiempo, la perspectiva de la medicina en cuanto al funcionamiento interno del ser humano; para los médicos de hoy el cuerpo hu-mano sigue siendo una maquinaria complicada. La única diferencia es que ahora tienen técnicas más avanzadas, para estudiar esa relojería biológica al nivel molecular.
Los planteamientos iniciales de la medicina new-toniana fueron los quirúrgicos. Estos cirujanos anti-guos intervenían en el organismo humano bajo la premisa básica de que se trataba de un complicado sistema de tuberías; el cirujano moderno puede con-siderarse como un «biofontanero» más avanzado que sabe cómo buscar y desmontar la pieza «enfer-ma» y cómo volver a conectar la instalación de ma-nera que vuelva a funcionar correctamente. Por otra parte, son más recientes los progresos de la farma-cología, cuyos tratamientos proporcionan nuevas ma-neras de «arreglar» el organismo claudicante. Aunque parta de una filosofía diferente, la farmacotera-pia no deja de ser también newtoniana por cuanto considera el cuerpo como un biomecanismo com-plejo. En vez de usar el bisturí del cirujano, en este caso el médico recurre al producto farmacéutico a modo de flecha mágica disparada hacia el tejido sobre el que juzga necesario actuar; mediante distintas fórmulas vigoriza determinadas células o destruye las que no están funcionando correctamente según los criterios de la necesidad médica. Los progresos de la biología molecular hoy permiten apuntar con gran precisión esos dardos mágicos, y se espera crear otros fármacos aún más eficaces y de menor toxicidad general para el organismo. Aunque ambos planteamientos, el farmacológico y el quirúrgico, hayan aportado adelantos significativos en cuanto al diagnóstico y al tratamiento de las dolencias huma-nas, ambos son deudores del modelo newtoniano del cuerpo humano como una complicada relojería de órganos físicos, intercambios químicos, enzimas y receptores de membranas.
Pero la visión mecanicista, newtoniana, no es sino una aproximación a la realidad. Farmacología y cirugía dan un arsenal incompleto porque ignoran las fuerzas vitales que animan e insuflan vida en la biomaquinaria de los sistemas vivientes. El principio básico de la máquina es que el funcionamiento del conjunto puede inferirse considerando la suma de sus partes. En cambio los humanos, a diferencia de las máquinas, son algo más que la suma de una serie de compuestos químicos y sus reacciones. Todos los organismos necesitan una fuerza vital sutil que ori-gina un sinergismo a través de una determinada or-ganización estructural de los componentes molecu-lares; y debido a ese sinergismo, el ser vivo, como un todo, es más que la suma de sus partes. Esa fuerza vital introduce la organización en los sistemas vi-vientes, y restaura y renueva constantemente su propio vehículo celular de expresión. Cuando la fuerza vital abandona el organismo y éste muere, el mecanismo físico se degrada poco a poco hasta que no queda sino una serie desorganizada de compuestos químicos. Ése es uno de los extraordinarios principios que distinguen a los sistemas vivientes de los no vivientes y a los seres humanos de las máquinas.
Esta fuerza vital y vivificante es una energía no tenida en cuenta por los actuales pensadores meca-nicistas y newtonianos cuyas opiniones dan el tono en la medicina ortodoxa de nuestros días. Ellos no estudian ni discuten esas fuerzas sutiles, porque no se dispone en la actualidad de ningún modelo científicamente admisible que explique su existencia y su modo de actuar. En parte, la incapacidad actual de la ciencia moderna para encarar las fuerzas vitales que animan la máquina humana, deriva del milenario conflicto entre los sistemas de creencias occidentales y los orientales, de donde resultan dos cosmovisiones distintas, que a su vez explican el no menos antiguo cisma entre ciencia y religión; de he-cho, la aplicación del modelo newtoniano a la expli-cación del funcionamiento del cuerpo humano refleja un afán, por parte de los científicos, de aprehender las funciones humanas sacándolas de la esfera de lo divino para llevarlas al mundo mecanicista que ellos podían entender y manipular. Así la mecanización del organismo humano fue un paso más del movimiento que pretendía alejarse de las explica-ciones religiosas de las místicas fuerzas que mueven a los humanos en su vida, y por vías no menos misteriosas, asimismo en sus enfermedades y en su muerte.
De ahí que las concepciones médicas de nuestro tiempo sean solidarias de aquel paradigma, ya muy arraigado puesto que cuenta con varios siglos de an-tigüedad. El modelo newtoniano tuvo su importancia por cuanto sirvió de fundamento a los progresos del maqumismo y base teórica de la revolución in-dustrial. Andando el tiempo, no obstante, los mis-mos científicos tropezaron con las insuficiencias de aquél, a medida que profundizaban en los fenómenos de la electricidad y el magnetismo, que no se lograba explicar adecuadamente, como tampoco explica el papel de las fuerzas vitales en los organismos vivientes. En un momento dado el vitalismo adquirió cierta difusión en los medios de la medicina, pero el exceso de confianza que inspiraba la ciencia y la técnica hizo que esos «filosofismos» quedaran prontamente descartados en favor de los modelos mecanicistas de la vida orgánica.
El paradigma newtoniano se basa en los primeros modelos de comportamiento mecánico que su-ministraba la observación de la naturaleza. Así Newton analizó la aceleración y la gravedad des-pués de haber reparado en la caída de una manzana. Aplicando las matemáticas a sus observaciones, de-dujo las diferentes leyes del movimiento que expli-caban lo que había visto. Y con estas primeras leyes newtonianas los científicos pudieron predecir la ac-ción de cualquier sistema mecánico. El modelo newtoniano supuso un progreso nada desdeñable en su época. Mediante el desarrollo del cálculo Newton ponía en manos de los científicos un instrumento útil para profundizar en el estudio del universo ob-servable. Ello inauguró nuevos caminos para el des-cubrimiento científico y permitió la creación de mu-chos inventos que han beneficiado a la humanidad. Pero recordemos que las leyes de Newton se refe-rían, en su origen, a la fuerza de la gravedad y a su acción sobre las masas que se mueven dentro del campo gravitatorio terrestre, y que algunos años más tarde no sirvieron para explicar la electricidad ni el magnetismo. Lo que planteaba la necesidad de postular nuevos modelos del universo que diesen cabida a aquellos nuevos y curiosos fenómenos energéticos.
Hoy, una vez más, los científicos empiezan a descubrir fuerzas que tampoco se adaptan al modelo convencional, newtoniano,. de la realidad. Aunque la ciencia ortodoxa no quiera reconocerlas como tales, las energías de la fuerza vital son estudiadas por numerosos investigadores que han comprendido su importancia esencial para los sistemas vivientes. Por desgracia la mayor parte de la investigación bio-lógica y médica se mueve todavía dentro de las co-ordenadas de un modelo newtoniano de los seres vi-vientes, que considera el cuerpo humano como una máquina celular. Estos investigadores aún no admiten el papel primordial que corresponde a las energías vitales que animan y vivifican el organismo; y aunque la medicina ha alcanzado un grado conside-rable de perfeccionamiento con el estudio de las in-teracciones celulares a nivel molecular, todavía los modelos fisiológicos se basan estrictamente en el comportamiento de la materia física densa, y excluyen la acción de los campos bioenergcticos que operan sobre los patrones celulares de crecimiento y ex-presión física.
Aparece no obstante una nueva generación de médicos/sanadores que pretenden interpretar el fun-cionamiento del ser humano desde el revolucionario punto de vista de la materia como energía. Estos sa-bios espiritualistas contemplan el cuerpo humano como un modelo instructivo a través del cual po-dríamos empezar a entendernos nosotros mismos, y más aún, entender el funcionamiento íntimo de la naturaleza y los secretos del universo. Si compren-demos que el humano es un ser hecho de energía habremos sentado las bases para una nueva conside-ración de la salud y la enfermedad; y este nuevo planteamiento einsteiniano, además de proporcionar a los médicos del futuro una perspectiva inédita en cuanto a los orígenes de las dolencias, promete me-dios más eficaces para aliviar el padecimiento hu-mano.
A diferencia de los enfoques convencionales far-macológico y quirúrgico, la medicina vibracional intenta el tratamiento de los humanos mediante las energías puras. Esa perspectiva teórica se basa en la convicción de que el orden molecular del cuerpo físico, en el fondo no es más que una retícula com-pleja de campos de energía entrelazados. Y esa retí-cula energética, que representa el sustrato físico/ce-lular, recibe organización y alimentación de otros sistemas energéticos «sutiles» que son los que coor-dinan la fuerza vital con el organismo. Existe, pues, una jerarquía de sistemas energéticos sutiles que coordinan las funciones electrofisiológicas y las hor-monales, así como la estructura del cuerpo físico al nivel celular. Es a estos niveles sutiles, fundamen-talmente, donde tienen sus orígenes la salud y la en-fermedad. Estos sistemas exclusivos de energía son afectados en gran medida por nuestras emociones y por el nivel de equilibrio espiritual tanto como por factores nutricionales y ambientales. Las energías su-tiles modifican los patrones de reproducción celular tanto en sentido positivo como negativo.
La sabiduría médica convencional adhiere a la noción errónea de que todas las enfermedades pue-den curarse mediante la reparación física o la elimi-nación de los sistemas celulares anómalos. Median- te los fármacos y la cirugía, el médico intenta recon-ducir un componente disfuncional, digamos una ar-teria ateromatosa, como si fuese un fontanero alta-mente especializado operando sobre un desagüe atascado. Utilizará fármacos para tratar de mejorar la circulación sanguínea pese a las obstrucciones del colesterol, y si eso no da resultado, es posible que utilice una sonda dilatable o incluso un rayo láser para destruir esas acumulaciones disfuncionales de residuos. Pero más habitualmente recurrirá a su pe-ricia para coser una tubería nueva en paralelo con la antigua y estropeada, a la que sustituye. Es posible que la clave para el tratamiento de esos estados re-currentes no sea la sencilla «chapuza» de una solu-ción física, sino que estribe en corregir los patrones de los campos organizadores de energía que dirigen la expresión celular de esa disfunción.
Existe un aspecto de la fisiología humana que los médicos no han comprendido y cuya existencia reconocen de mala gana, y esta dimensión de la fi-siología humana es el Espíritu en su relación con el cuerpo físico. La dimensión espiritual es la base energética de toda vida, porque es la energía del es-píritu lo que anima el soporte físico. La conexión in-visible entre el cuerpo físico y las fuerzas sutiles del espíritu encierra la clave para la comprensión de la íntima relación entre materia y energía, Y cuando los sabios hayan empezado a comprender la verda-dera relación entre la materia y la energía, se habrán acercado al entendimiento de la relación entre la hu-manidad y Dios.
El naciente campo de la ciencia que elevará el género humano a este nuevo nivel de comprensión es la medicina vibracional. La medicina vibracional intenta curar las dolencias y transformar la conciencia humana mediante la actuación sobre los patrones energéticos que guían la expresión física de la vida. Con el tiempo llegaremos a descubrir que la con-ciencia misma es una forma de energía vinculada integralmente a la expresión celular del cuerpo físico. En virtud de lo cual, la conciencia interviene en la creación continua de-, la salud o la enfermedad. Como ciencia del futuro, la medicina vibracionaí quizás llegue a suministrar las claves para que los médicos resuelvan el misterio de la buena salud de ciertas personas y el malestar permanente de otras.
Cuando los representantes de la ciencia médica hayan entendido mejor las interrelaciones profundas entre el cuerpo, la mente y el espíritu, así como las leyes naturales por las que se rigen sus manifesta-ciones en este planeta, podremos tener una medicina verdaderamente holística. Somos en efecto un mcrocosmos dentro del macrocosmos, como enseñaban desde hacía mucho tiempo los filósofos orientales. Los principios que hallamos en ese microcosmos muchas veces guardan analogía con otros más amplios que gobiernan el comportamiento del ma-crocosmos. En la naturaleza, muchas veces los pa-trones de orden se repiten a diferentes niveles jerár-quicos. Si llegamos a desentrañar las leyes univer-sales conforme se expresan en la materia a nivel microcósmico, nos habremos acercado al entendi-miento del plano cósmico general. Cuando el humano haya llegado a entender verdaderamente las es-tructuras físicas y energéticas de las mentes y de los cuerpos, se hallará mucho más cerca de comprender la naturaleza del Universo y las fuerzas de creación que le vinculan con Dios.


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